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15.03.2011

El “tercer tripulante”


Todos los Open 60 de la Barcelona World Race lo llevan a bordo. De hecho no son dos los tripulantes que se embarcan, sino "tres". El "tercer tripulante" los libera de acciones agotadoras, les proporciona mucha más seguridad, permite que estén comunicados con el resto del mundo desde el medio del océano, ayuda a mejorar el rendimiento del barco, permite ver y escuchar más allá de lo que pueden hacerlo sus ojos y oídos, no duerme nunca y les ofrece mucha información para que puedan preparar una buena táctica. ¿Quién no lo querría tener a bordo?

 

Hoy en día, pocos son los barcos que no llevan a bordo este "tripulante". Proporciona unas ayudas en la navegación que los navegantes de hace unos siglos ni se imaginaban que existirían y que sin estas, los actuales, quizás no podrían haber conseguido según qué récords o éxitos. De hecho, regatas como la Barcelona World Race no se podrían realizar sin el "tercer tripulante", al menos no en las condiciones de seguridad y autonomía en que se hacen.

Efectivamente hablamos de la electrónica que incorporan los barcos actuales. Su singladura comienza por los inicios del siglo XX y poco a poco se ha ido introduciendo en el mundo de la náutica, ofreciendo una gran variedad de ayudas para el control, procesamiento y distribución de la información. Su evolución vertiginosa hace que haya adquirido un papel muy importante, dejando obsoletos los sextantes, los astrolabios, los escandallos, las correderas de barquilla y un larguísimo etcétera de aparatos náuticos.

Aunque la evolución ha sido muy rápida y con cambios espectaculares, un aspecto que no ha cambiado y que no hay que olvidar es que, al igual que un velero necesita del viento para navegar, un sistema electrónico necesita de la electricidad para funcionar. Por definición, supondremos que este "tripulante electrónico" es preciso, no se cansa, no necesita dormir, no tiene cambios de humor y, que por estar con nosotros, sólo nos pide electricidad y que no le echamos agua por encima, y menos , si el agua es salada. Si le instalamos un deshumidificador, nos lo agradecerá.

Parece que es un buen tripulante: ofrece mucho y pide poco. El tripulante ideal. No olvidemos sin embargo, que inicialmente este nuevo tripulante no sabe nada de barcos, o mejor dicho, no sabe nada de nada. Si le enseñamos, aprende bien y ejecuta los trabajos tal y como le hemos explicado. Pero hay que tener presente que siempre hará lo que le hayamos enseñado, por sí solo no hará nada. Por tanto, el primer paso es pensar en qué queremos que nos ayude y prepararlo correctamente, teniendo en cuenta que si lo sofisticamos demasiado, la posibilidad de que tenga errores o anomalías es mayor. Es importante también buscar el equilibrio entre nuestro conocimiento y lo que le queramos instalar; si el tripulante electrónico sabe mucho más que nosotros y nos informa de cosas que no sabemos, más que servicio nos molestará.

Para entender mejor en qué consiste este nuevo tripulante electrónico, lo describiremos. A semejanza de los otros tripulantes está compuesto por tres partes que son la cabeza, el tronco y las extremidades. Vamos a ver qué encontramos en cada una de ellas:

  • Cabeza: aquí alojaremos todo aquello que nos ayude a "ver", "escuchar" y comunicarnos, como por ejemplo sus "sensores", que permiten obtener información del entorno (compás, sonda, equipo de viento, termómetro, barómetro, etc.), el "oído" del tercer tripulante (GPS y receptores NAVTEX), su visión (cámaras con infrarrojos y radar) y aparatos de comunicación (radio VHF, AIS, conexión vía satélite para hacer videoconferencias, etc.). También ubicaremos aquellos dispositivos relacionados con su memoria para que pueda recordar todas las tareas que le hemos asignado y todo lo que le hemos enseñado, y también, un cerebro para que pueda coordinar movimientos, realizar acciones automáticas y procesar toda la información que ha almacenado.
  • Tronco: en esta parte se ubicarán todos los componentes vitales para que el sistema electrónico funcione, así como todos los sistemas que permitirán la conexión entre la cabeza y las extremidades. Así pues el tercer tripulante dispondrá de un sistema circulatorio para poder funcionar, compuesto de generadores eléctricos y baterías, y de un sistema nervioso hecho de conexiones eléctricas y cables que le permitirá recibir y enviar la información.
  • Extremidades: llamaremos extremidades a los apéndices que nos ayudan a realizar acciones. Estas pueden ser de fuerza física, para evitar agotarnos, o bien acciones que requieran precisión y concentración durante largos períodos de tiempo. Ejemplos de extremidades pueden ser el piloto automático, el brazo hidráulico, la potabilizadora, las alarmas o la bomba de vaciado del agua.

Vista la anatomía del tercer tripulante, pondremos un ejemplo de cómo trabaja: le pedimos que lleve el barco a un rumbo específico, es decir, activamos el piloto automático. Para llevar a cabo esta actividad, nuestro ayudante sabe que en la cabeza recibe la información del compás que le indica hacia dónde vamos. También tiene un procesador que entiende cómo funciona el timón del barco. Repartidos por el cuerpo tiene cables con los que alimenta de electricidad el brazo mecánico según haya de moverse hacia un lugar u otro. Estos cables también envían la información procesada, es decir, el rumbo que debe mantenerse. Mientras las baterías le suministren fuerza para mover el brazo, el tercer tripulante no dejará de trabajar.

 

Así pues, cuando vuelvan triunfantes los barcos de la Barcelona World Race, no hay que olvidar que, además de la genialidad de los tripulantes humanos, hay un tripulante que no se ve, que no sale en la foto, pero que sin él, difícilmente se hubiera conseguido.