04.01.2011
¡BALLENAS Y DELFINES SALTANDO A BABOR!
“¡Por allí salta!”; este es un grito que suele desatar un gran revuelo a bordo de un barco de avistamiento de cetáceos. Aunque es mucho más frecuente el bien conocido: “por allí sopla” (que personalmente, me recuerda mucho más a los gritos de Ahab cuando divisaba a Moby Dick), los avistamientos, en algunas ocasiones, empiezan con la observación de ballenas o delfines sacando su cuerpo fuera del agua.
Una vez repuestos del susto inicial, la emoción de un momento tan especial nos embargará, pero nuestro espíritu científico finalmente se sobrepondrá a cualquier sentimentalismo, y empezaremos a preguntarnos por qué unos animales que viven exclusivamente en el medio acuático, a veces, se “pasan” al medio aéreo.
Entre los cetáceos que saltan (no a todos se les ha observado haciéndolo), los delfines son los que lo hacen con mayor frecuencia. Es fácil recordar imágenes de delfines saltando en la proa de un barco, o efectuando piruetas por diversión o juego. Quien ha visto estas imágenes difícilmente las olvida, pero aún más imborrable se hace el recuerdo de una ballena sacando su cuerpo fuera del agua para volver a caer sobre la superficie con enorme estruendo y salpicadura. Y es que los saltos de las ballenas son mucho menos frecuentes que las de los delfines, y la escasez de observaciones dificulta mucho su estudio y comprensión.
Algo que llama poderosamente la atención es que los saltos no son siempre iguales, sino que se trata de comportamientos muy variables tanto por la forma como por la situación en que se realizan. Esto hace presuponer que los distintos tipos de salto se corresponden con diferentes utilidades. Veamos como se interpretan algunos de ellos.
Entre los delfines, el hecho de saltar cuando nadan a gran velocidad tiene una clara significación en cuanto al ahorro energético, ya que el aire ofrece menos resistencia que el agua, con lo que el desplazamiento durante un salto horizontal se realiza más rápidamente, y sin gastar tanta energía.
Una de las interpretaciones más interesantes de los saltos en algunos delfines, es la utilización de éstos como ayuda en el aturdimiento y captura de presas. Se ha observado, por ejemplo, como los delfines mulares Tursiops truncatus saltan repetidamente sobre la superficie para asustar y juntar a los peces y que así, sea más fácil capturarlos.
Los saltos de los delfines o otros odontocetos como calderones o orcas, también se han interpretado como simple diversión, como ejercicio muscular, y en algunos casos podrían obedecer a la presencia de parásitos en la capa grasa y muscular subcutáneas, lo que les ocasiona malestar y hace que el cetáceo dé saltos y caiga sobre el agua sobre el costado donde tiene las molestias. Es decir que, en cierto modo, realiza los saltos para “rascarse”.
Pero los más intrigantes siguen siendo los saltos de las ballenas y de los cachalotes, que en estos grandes cetáceos reciben el nombre de rompeduras. Parece claro que las rompeduras tienen gran importancia en las relaciones sociales, tanto a nivel de comunicación, como en exhibiciones de potencia, cortejo e incluso, retos entre cetáceos. En todo caso, los ballenatos jóvenes podrían romper como juego, o bien, como imitación de sus mayores.
Es fácil interpretar que una ballena o un cachalote que está sacando completamente su cuerpo del agua y provocando un gran estruendo al dejarse caer de nuevo sobre la superficie, está queriendo demostrar su poderío frente a otros individuos, ya sea a los más cercanos físicamente, o bien a los que se encuentren a gran distancia. Es conocido que la transmisión del sonido a través del agua es más rápida y sin tanta resistencia como en el aire, por lo que se ha podido demostrar que la transmisión del sonido que produce una rompedura se puede transmitir fácilmente a varias decenas de kilómetros.
Esta teoría se ve reforzada por aspectos como la mayor frecuencia de rompeduras de ballenas con meteorología adversa (quizás para conseguir una transmisión de posición), o bien durante las congregaciones de ballenas con fines reproductivos que se producen estacionalmente en ciertos lugares y en ciertas épocas del año.
Estos datos apoyan, sin duda, la importancia de las rompeduras en la comunicación social de las ballenas. Desde retos, a demostraciones de fuerza, pasando por la utilización de los saltos como maniobras de cortejo, en los cuales un macho demuestra toda su potencia, y en cierta manera, transmite a las hembras su “eficiencia” reproductiva.
En todo caso, lo que parece claro es que deben continuarse los estudios sobre estos interesantes y espectaculares comportamientos con objetivo de validar las diversas hipótesis expuestas, y en definitiva, para que las rompeduras dejen de ser otro de los misterios insondables de los cetáceos.
Para más información




