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40. Instrumentos para la navegación clásica

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En las grandes navegaciones oceánicas, no es suficiente saber el rumbo que se lleva y conocer la velocidad sino que, además, es necesario saber dónde se está. En la antigüedad, este problema no era fácil de resolver y se producían grandes errores, especialmente al determinar la longitud.

Nuestras tripulaciones tienen sofisticados sistemas de posicionamiento gracias a los satélites, pero en épocas pasadas tenían que realizar los cálculos con distintos instrumentos. Éstos servían para calcular la longitudLongitud:Expresa la distancia angular, medida paralelamente al plano del ecuador terrestre, entre el Meridiano de Greenwich y un determinado punto de la Tierra. y la latitudLatitud:Representación sobre un plano de la parte de la superficie terrestre comprendida entre dos meridianos. en referencia a los astros, la medida del tiempo, la profundidad del fondo marino, etc. Algunos de esos instrumentos de navegación clásicos todavía se utilizan hoy día.

Instrumentos para posicionarse

Para podernos posicionar, deben conocerse las coordenadas de posicionamiento: la latitud y la longitud. Para conocer la latitud, se puede calcular mediante la altura del sol al mediodía y, por ello, debe reconocerse muy bien ese momento, o bien la altura de la estrella polar en cualquier momento de la noche. Para realizar esos cálculos, la gente que navegaba utilizaba instrumentos para medir los ángulos: el astrolabio, el cuadrante y la ballestilla.

El astrolabio es un aparato que sirve no sólo para conocer la posición del astro, sino también para calcular el tiempo. Sin embargo, el astrolabio náutico es mucho más sencillo que el astronómico y sólo sirve para calcular la altura de los astros. Consiste en un círculo metálico dividido por cuatro radios formando ángulos de 90º. El diámetro vertical representa la línea zenit-nadir, y el diámetro horizontal, la línea del horizonte.

El cuadrante tiene la misma función que el astrolabio náutico, es decir, determinar la altura meridiana del Sol o cualquier astro, para saber la latitud de un lugar.

La ballesteta también mide la altura de un astro pero no lo hace mediante el ángulo directo como el astrolabio o el cuadrante, sino por su tangente. Consiste en una cruz donde la pieza menor se desliza sobre la mayor, y la va moviendo hasta que sus extremos ocultan los dos puntos que forman el ángulo que queremos conocer –normalmente el horizonte y el astro.

Si determinar la altura –latitud- era complicado, determinar la longitud todavía lo era más. Al mediodía era fácil, a través de la altura del Sol –cuando las sombras son más cortas- y, a partir de ahí, del orto o salida del sol y del ocaso, se podría calcular el paso del tiempo gracias a botellitas o relojes de arena. Las botellitas eran imprescindibles para medir tiempos cortos como, por ejemplo, los intervalos entre guardias, pero no para tiempos más largos. No se consiguieron medidas de longitud más exactas hasta que no se extendió el cronómetro en el siglo XVIII.

Los instrumentos de reflexión

También es importante mencionar la aparición de los instrumentos de reflexión: instrumentos pequeños y manejables de navegación astronómica desarrollados especialmente para usos náuticos.

El octante de Hadley fue el primero de los instrumentos de reflexión desarrollados en el siglo XVIII. Es un instrumento compuesto por un sector circular graduado de 45º, ideal para medir ángulos agudos. Pero la necesidad de medir mayores distancias angulares dio lugar a la creación de nuevos aparatos: el quintante y el sextante.

El sextante todavía se utiliza en la actualidad. Es un aparato que se usa para marcar la latitud midiendo la altura del Sol o de las estrellas, ya que permite medir ángulos entre dos objetos –como dos puntos de la costa o un astro y el horizonte.
Algunos instrumentos imprescindibles para la navegación

Elcompás es una aguja de hierro imantada que señala una dirección fija apuntando al norte. Las agujas imantadas primigenias se usaban únicamente cuando no se veía la costa durante la navegación, el cielo estaba nublado y no se veía el Sol.

Se cree que es de origen chino y que se utilizó, por primera vez, en la navegación durante el siglo XII. Para los primeros navegantes occidentales que la utilizaron, ésta era de verdad una aguja imantada que atravesaba un listón de madera suspendido en un recipiente con agua. Para los primeros capitanes que la usaron, el compás constituía un misterio, e incluso a veces, lo escondían como si fuera un tesoro.

Las primeras agujas eran muy rudimentarias y sólo servían para localizar el norte y el sur. Eso ya era suficiente cuando no se veía el sol ni las estrellas. Aunque hay que tener en cuenta que el norte magnético no coincide con el norte geográfico.

Una brújula o compás se orienta siguiendo el campo magnético de la Tierra: dirección norte-sur al tratarse de una aguja imantada inmersa en el campo magnético terrestre. De hecho, la Tierra se comporta como un imán gigante y tiene polos magnéticos. Éstos no coinciden con los polos geográficos – que son por donde pasa el eje imaginario de nuestro planeta y, a la vez, los puntos de referencia de nuestro sistema de coordenadas geográficas.

Esa diferencia entre el norte magnético y el geográfico hace que lo que señala la brújula no sea el norte geográfico, que es el que se necesita para poder navegar y seguir el rumboRumbo:Dirección que sigue una embarcación. Normalmente, se expresa en grados respecto al norte real o magnético.. La diferencia angular existente entre el norte verdadero o geográfico y el magnético, recibe el nombre de declinación magnética, que varía según el sitio de observación. Además, no hay que olvidar que esta declinación va cambiando con el tiempo, es lo que llamamos variación magnética.

Por último, otro de los instrumentos que ayudó mucho a la navegación fue el anteojo de larga vista. Éste permitía que se pudiera observar mejor los objetos lejanos, y era de gran ayuda para orientarse, sobre todo cuando tenían tierra a la vista. Este invento lo perfeccionó Galileo en el siglo XVII, a partir de un aparato que usaban los holandeses que constaba de un tubo con dos lentes, una cóncava en un extremo y la otra convexa, en el extremo del ocular.

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